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G.W.B.
Hace aproximadamente cuarenta años, un hombre embebido en petróleo, sin otro norte en su vida, que pozos petrolíferos, perforaciones, rindes, estadísticas, etc.; y sueños, muchos sueños; no de los benévolos, generosos, filántropos, altruistas; no, de ninguno de ellos. En su mente elucubraba sueños de poder, de riqueza, de ambición, de conquista, de “que me importa los que padecen, los que penan, los hambrientos, los que agonizan” los que mueren en mis pozos por fallas de seguridad. Sueños de “me apropio en mi beneficio sin importarme el costo”.
Este hombre, les decía al principio del relato, en un rapto quizás de inconciencia, tomó en sus manos un libro y se dispuso a leerlo. Y a medida que lo hacía, notaba que el argumento del cuento parecía hecho a su medida, como si el autor lo conociera y hubiera vivido muy cerca de él.
Lejos de sentirse molesto porque alguien que lo conocía tan bien volcara en un relato su persona, tomó del mismo una frase que lo impactó: “Individuo Universo”. No recibió en su capacidad intelectual, ni la más mínima sombra del discurrir filosófico del relato. No, solamente esas dos palabras lo fascinaron Individuo Universo.
El zapallo, lo más fácil de captar para él, fue el inicio de un pensamiento, y aunque le costó elaborarlo, se dijo: este escritor me está dando con su narración, el impulso final que necesitaba para ampliar mi obra, y puso manos a la misma.
Con sus contactos originados en su ya inmensa riqueza, llegó a Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, y se encontró que además del poder de su dinero, tenía en sus manos, el poder de las armas.
Y amplió sus dominios, y siguió sin importarle el costo, el costo de los demás por supuesto, en luchas, en sufrimiento, en vidas, lo que fuera, el propósito había que lograrlo.
Pero el tiempo pasa y un día se encontró viejo para seguir adelante. Pero la semilla del mal, es casi siempre más fructífera que la del bien. Y este hombre engendró un hijo, que siguió su camino con renovados bríos y ambiciones, amplió aun más sus dominios, sus conquistas, sus pozos petrolíferos, y llegó también a Presidente de Norteamérica.
Ya con el poder de las armas al igual que su padre, su ambición no encontró limites, despreció acuerdos de polución ambiental, invadió países con excusas inexistentes, sacrificó gente, mató niños, envió a la muerte a sus propios hijos con uniforme de soldados, se apropió del agua, vital elemento en el planeta, colonizó la luna, abrazó en su interior satélites, planetas, Mercurio, Marte, Plutón, Venus, Saturno, incluidos sus anillos de asteroides, la Vía Láctea, y ya próximo a engullirse al sol.
Y como el cuento del zapallo, de Macedonio Fernández, este “Individuo
Universo”, sigue engulléndoselo. Y nos es cuento.
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